Lo que la cultura asiática puede enseñarnos sobre movilidad, salud y la forma de vivir el cuerpo
Activación del core y estabilidad postural en el suelo
En muchas culturas asiáticas, la vida sucede cerca del suelo.
Se come en mesas bajas, se toma té sentado en el tatami, se descansa en cuclillas, se medita sobre esterillas de fibra natural y se duerme en futones firmes que se enrollan cada mañana. A primera vista parece solo una costumbre cultural; sin embargo, estas formas de habitar el cuerpo tienen un impacto profundo en la biomecánica y en la salud.
La ciencia moderna está empezando a estudiarlo.
Un estudio publicado en Scientific Reports (2024) muestra que sentarse en el suelo en esas posturas tradicionales activa más la musculatura del tronco y mejora la estabilidad postural si lo comparamos con sentarnos en una silla. El suelo no “te sostiene”; tú sostienes tu propio eje. Eso despierta músculos que en Occidente pasan horas dormidos contra un respaldo.
Presión lumbar y alineación: lo que revelan las investigaciones
Otra investigación (Liu et al., 2023) analizó el efecto de distintas posturas en la presión lumbar. La conclusión fue clara: el suelo puede ser muy saludable si se mantiene la alineación adecuada, ya que permite un rango de movimiento más natural de la pelvis y la columna.
Y precisamente esa libertad de movimiento es lo que observamos en países como India, Japón, Corea o Tailandia. En 2018, un estudio piloto comparó la alineación espino–pélvica en varias posturas asiáticas como el “seiza” japonés (postura tradicional de arrodillarse con el cuerpo apoyado sobre los talones y la espalda recta).

Es una forma de sentarse que simboliza respeto y disciplina, utilizada en ceremonias, artes marciales y otras ocasiones formales. La expresión literal en japonés es «sentarse correctamente.
Los resultados mostraron que estas posturas mantienen una pelvis con mucha más movilidad y el mantenimiento de las curvaturas de la espalda, tanto en la zona lumbar como en la zona dorsal, algo que se pierde con años de sillas, sofás muy mullidos y esponjosos, así como el uso prologando de los coches.
Los japoneses comen en el suelo, un hecho muy conocido. Pero como dato curioso —y que quizá no sabías— esta práctica tiene su propio nombre. A través de la palabra Shokadō, en Japón se hace referencia a esta costumbre de comer sentado en el suelo, que cuenta con cientos de años de historia.
Los primeros habitantes de estas islas eran principalmente nómadas, por lo que vivían constantemente desplazándose por diferentes sitios y no podían llevar muchos objetos consigo. En épocas antiguas, era normal dormir y comer en el suelo, a veces usando esterillas ligeras muy fáciles de transportar.
La verdad es que, durante miles de años, el ser humano vivió más cerca del suelo.
Las sillas son relativamente recientes en la historia. Y aunque nos han dado comodidad, también han reducido nuestra movilidad natural. Cuando una persona pasa años sin usar la profundidad de sus caderas, sin flexionar completamente las rodillas o sin activar los tobillos, la articulación se vuelve más rígida y limitada.

Esto puede darnos una idea del por qué muchas personas occidentales sienten dificultad para sentarse en el suelo, cruzar las piernas o permanecer en cuclillas, mientras que en muchos países de Asia y por supuesto, dependiendo de si son personas que han crecido más en ciudades grandes que en el campo o más pequeñas, para ellos esto es un gesto cotidiano. Como profesora de yoga, me fascina observar cómo las costumbres culturales se transforman.
Vivir el cuerpo como en Asia: más movimiento, menos rigidez
Cómo la falta de profundidad en caderas y rodillas genera limitación
En patrones corporales y por eso pienso que la movilidad no es un privilegio: definitivamente es un hábito que podemos crear y debemos cultivar. Y la flexibilidad, aunque tiene un componente genético, puede ser mejorada significativamente a través de modificar y mejorar los factores ambientales que nos rodean, así como del estilo de vida, el estiramiento regular, la actividad física y el entrenamiento. Esta flexibilidad será mejor o peor dependiendo de la forma en que usemos nuestro cuerpo cada día.
Aplicaciones prácticas para una vida más móvil
Ejercicios y ajustes ambientales sencillos
Por eso, una manera sencilla de mejorar nuestra salud postural es volver —aunque sea un poco— a esa sabiduría cotidiana: sentarnos en el suelo si fuese posible, y de vez en cuando, alternar posturas, usar bancos bajos, descansar en cuclillas, y elegir superficies más firmes para tumbarnos.
Recuperar la relación con el cuerpo en el día a día
El cuerpo agradece aquello para lo que fue diseñado: moverse, cambiar, fluir, sostenerse.
Quizá la cultura asiática no solo tiene una tradición espiritual valiosa, sino también una forma de habitar el cuerpo que nos recuerda algo esencial: la flexibilidad puede convertirse en una forma de vivir.
Glaci (Gauri)
Instructora de yoga.


