¿Por Qué los nombres de las Asanas? El Árbol, La Montaña y La Luna

Tercer artículo de la serie · #yoguinariodeananta

¿Por qué los nombres de las asanas? – 1er artículo

En el primer artículo de esta serie vimos que los nombres de las asanas se agrupan en cinco grandes familias: los animales, la naturaleza y los elementos, los objetos, los sabios y las deidades. En el segundo entramos de lleno en la familia mitológica con Vīrabhadra, el guerrero nacido de un mechón de pelo de Śiva.

Hoy bajamos el volumen.

Porque después del fuego del guerrero viene otra cosa completamente distinta: un puñado de posturas que no llevan nombre de dios ni de héroe, sino de paisaje. Un árbol. Una montaña. La luna a medias. Un loto.

Y son, quizá, las más interesantes de toda la serie. Porque estos nombres no cuentan una historia. Describen una manera de estar.

Vṛkṣāsana: el árbol que sí está en los textos antiguos   

Empecemos por la que tiene el linaje más limpio.

Vkṣa significa árbol. Y a diferencia de casi todas sus compañeras de familia, Vkṣāsana aparece literalmente en los textos clásicos de hatha yoga. Está en la Gheraṇḍa Sahitā II.36, dentro de la lista de las treinta y dos posturas que Gheraṇḍa selecciona —de entre las ochenta y cuatro mejores, y de entre los 8.400.000 que según el texto enseñó Śiva— como «útiles para la gente común».

La instrucción del texto es de una sencillez desarmante:

Mantenerse en pie sobre la pierna izquierda. Colocar el pie derecho sobre el muslo izquierdo. Permanecer erguido como un árbol plantado en el suelo.Gheraṇḍa Sahitā II.36

Fíjate en lo que no dice. No dice «imita la forma de un árbol». Dice: permanece como un árbol plantado. La instrucción no es geométrica, es cualitativa. Lo que se te pide no es parecerte a un árbol: es tener la relación con el suelo que tiene un árbol.

Y ahí está toda la enseñanza. Un árbol no está rígido. Se mueve constantemente —con el viento, con el peso de los pájaros, con su propio crecimiento—. Lo que no se mueve es su raíz. La estabilidad del árbol no viene de la inmovilidad, sino de la profundidad del anclaje.

Cuando te tambaleas en Vṛkṣāsana, el instinto es tensar la pierna que está arriba. Pero el árbol te está diciendo lo contrario: el trabajo está abajo, en el pie que toca el suelo, en los dedos que se extienden, en el arco que se activa. Arriba solo hay ramas.

Fíjate en lo que no dice. No dice «imita la forma de un árbol». Dice: permanece como un árbol plantado. La instrucción no es geométrica, es cualitativa. Lo que se te pide no es parecerte a un árbol: es tener la relación con el suelo que tiene un árbol.

Y ahí está toda la enseñanza. Un árbol no está rígido. Se mueve constantemente —con el viento, con el peso de los pájaros, con su propio crecimiento—. Lo que no se mueve es su raíz. La estabilidad del árbol no viene de la inmovilidad, sino de la profundidad del anclaje.

Cuando te tambaleas en Vṛkṣāsana, el instinto es tensar la pierna que está arriba. Pero el árbol te está diciendo lo contrario: el trabajo está abajo, en el pie que toca el suelo, en los dedos que se extienden, en el arco que se activa. Arriba solo hay ramas.

Tāḍāsana: la montaña que quizá era una palmera   

Y aquí viene la primera sorpresa incómoda —de esas que hacen que un yoguinario valga la pena.

āsana no aparece en los textos medievales de hatha yoga. Ni en la Haha-yoga-pradīpikā, ni en la Gheraṇḍa Sahitā, ni en la Śiva Sahitā. La postura de la montaña, esa que enseñamos como el cimiento de todo, es una construcción del siglo XX, sistematizada por Krishnamacharya y elevada a piedra angular por B.K.S. Iyengar.

Y hay más. La palabra तााड a se traduce habitualmente como «montaña», pero también significa palmera. De ahí que en buena parte de la India la postura se enseñe como Palm Tree Pose, con los brazos elevados y los talones despegados —una imagen mucho más cercana a una palmera estirándose que a una montaña.

¿Cuál es entonces la montaña de verdad? Parvatāsana, de parvata, montaña sin ambigüedad posible.

Y hay un tercer nombre, el más honesto de todos: Samasthiti. Sama, igual, equilibrado, parejo. Sthiti, estar de pie, permanecer. «Permanecer en equilibrio.» No es una metáfora de paisaje: es una instrucción directa.

Nada de esto le quita valor a la postura. Al contrario: entender que es reciente nos libera de tratarla como dogma y nos devuelve lo que realmente es —el mapa de todas las demás—. Como enseñaba Iyengar, los principios de alineación de Tāḍāsana se revisan antes de enseñar casi cualquier otra postura, porque Tāḍāsana vive dentro de todas ellas.

Para reflexionar Ponte de pie ahora mismo, donde estés leyendo esto. Sin colocarte. Solo observa: ¿dónde está tu peso? ¿Más en un pie que en otro? ¿Más en los talones o en la punta? Esa asimetría que acabas de detectar es la que llevas todo el día. Eso es lo que Tāāsana viene a mostrarte —no a corregir, primero a mostrar.

Ardha Candrāsana: el nombre que cambió de postura  

Si el caso anterior te sorprendió, este es todavía mejor.

Ardha es «mitad». Candra es «luna». Media luna. Hasta ahí, todo claro.

Lo que casi nadie cuenta es que este nombre ha designado al menos tres posturas distintas en dos siglos.

En el Śrītattvanidhi, el manuscrito del siglo XIX del palacio de Mysore estudiado por el investigador Norman Sjoman, el nombre Ardha Candrāsana se usa para lo que hoy llamamos Vṛkṣāsana —de pie sobre una pierna, con el otro pie apoyado en el muslo—. En 1970, Swami Yogeśvarānanda usa el mismo nombre para una postura parecida a Kapotāsana, un arco hacia atrás desde las rodillas. Y la versión que hoy damos por evidente —de pie sobre una pierna y una mano, con la otra pierna paralela al suelo— aparece descrita por primera vez en Light on Yoga, de B.K.S. Iyengar, en 1966.

Tres posturas. Un nombre. Doscientos años.

Y esto, lejos de ser un problema, es exactamente lo que hace fascinante estudiar los nombres. El sánscrito de las asanas no es un catálogo cerrado y sagrado que alguien nos entregó completo. Es una lengua viva que ha estado nombrando, renombrando y reasignando durante siglos. Los nombres migran. Las formas se transforman. La tradición no es un museo.

Lo que sí permanece es la imagen: la luna a medias. Ni llena ni ausente. Esa es la enseñanza de la postura. Ardha Candrāsana es un equilibrio que casi nunca sale del todo, que se sostiene un instante y se va. Es la asana de lo incompleto.

Y hay algo precioso en que la tradición eligiera precisamente la fase intermedia de la luna para nombrarla. No la luna llena, que sería lo obvio y lo glorioso. La mitad. Lo que está en proceso.

Padmāsana: el nombre de naturaleza más importante de todo

No lo pensamos como tal porque lo asociamos a «postura de meditación», pero el loto es un nombre de naturaleza, y es probablemente el más cargado de significado de toda la tradición india.

Padma es loto. Y Padmāsana sí tiene pedigrí textual completo: aparece en la Haṭha-yoga-pradīpikā I.44–49 y en la Gheraṇḍa Saṃhitā II.8, siempre entre las primeras y más importantes.

¿Por qué el loto? Porque el loto hunde sus raíces en el lodo del fondo del estanque, atraviesa el agua turbia, y florece limpio en la superficie. No a pesar del lodo: gracias a él. El lodo es su alimento.

La Bhagavad-gītā lo usa como imagen central de la acción desapegada: quien actúa ofreciendo sus acciones al absoluto no se mancha, «como la hoja del loto no se moja en el agua» (padma-patram ivāmbhasā, Bhagavad-gītā V.10).

Es decir: cuando te sientas en Padmāsana no estás adoptando una forma cómoda para meditar —de hecho, para muchísimos cuerpos no lo es en absoluto, y no pasa nada por sentarse en Sukhāsana—. Estás encarnando una tesis sobre cómo estar en el mundo: con las raíces metidas en el barro de tu vida real, y la flor arriba, sin ensuciarse.

Lo que tienen en común (y por qué importa)

Vuelve a mirarlas juntas: el árbol, la montaña, la media luna, el loto. Imitan una manera de permanecer.

El árbol: arraigo con movimiento. La montaña: presencia sin esfuerzo. La media luna: equilibrio en lo incompleto. El loto: pureza que no rechaza el lodo.

Aquí es donde estos nombres se encuentran con Patañjali. El Yoga-sūtra II.46 define la postura en tres palabras: sthira-sukham āsanam — «la postura es firme y cómoda». Y el sūtra siguiente, II.47, explica cómo se logra: aflojando el esfuerzo y dirigiendo la mente hacia lo infinito (ananta-samāpatti).

Fíjate en la coincidencia. Patañjali dice: para estar firme y a gusto en una postura, piensa en algo inmenso. Y las asanas de esta familia te dan exactamente eso: un árbol, una montaña, la luna. El nombre no es decorativo. Es el método.

Lo que dice la ciencia sobre estar de pie en una pierna

Y aquí la tradición se encuentra con datos muy concretos.

En 2022, un equipo internacional dirigido por Claudio Gil Araújo publicó en el British Journal of Sports Medicine un estudio con 1.702 personas de entre 51 y 75 años. La prueba era simple: sostenerse diez segundos sobre una pierna. El seguimiento fue de siete años.

Los resultados: el 20,4% de los participantes no pudo completarla. Entre quienes sí pudieron, murió el 4,6%. Entre quienes no, el 17,5%. La asociación se mantuvo tras ajustar por edad, sexo, índice de masa corporal, diabetes, hipertensión, obesidad y enfermedad coronaria.

El equilibrio no es un adorno. Es un marcador de salud global —integra fuerza, propiocepción, sistema vestibular, visión y atención en un solo gesto—. Y a diferencia de la fuerza o la flexibilidad, se conserva bastante bien hasta pasados los cincuenta y entonces cae rápido.

Vṛkṣāsana, que la Gheraṇḍa Sahitā recomendó hace cuatro siglos, resulta ser un entrenamiento directo de una capacidad que la medicina acaba de identificar como pronóstica.

Y Tāḍāsana hace algo distinto pero igual de valioso: como explica Leslie Kaminoff en Yoga Anatomy, la postura de pie neutra es donde se revelan los patrones estructurales que arrastramos a todas las demás. No se puede corregir lo que no se ha percibido primero.

Para reflexionar Prueba ahora: diez segundos sobre una pierna, sin apoyo, con los ojos abiertos. Después inténtalo con los ojos cerrados. La diferencia entre ambas cosas es la medida de cuánto dependes de la vista y cuánto de tu propiocepción. Los árboles no tienen ojos.

Y una pregunta para llevarte:

De estas cuatro maneras de permanecer —el arraigo del árbol, la presencia de la montaña, el equilibrio incompleto de la media luna, la flor que crece del lodo—, ¿cuál necesitas hoy?

No la que mejor te sale. La que necesitas. Muchas veces no son la misma.

Cuéntamelo. Me interesa de verdad.

Namasté,

Gauri.

En el próximo artículo de la serie entramos en la familia más numerosa de todas: los animales. La cobra, el águila, el pavo real. Y lo que el yogui vio en ellos que nosotros ya no vemos.

#yoguinariodeananta

Fuentes

Textos clásicos

  • Gheraṇḍa Sahitā II.1–2 (las 8.400.000 āsanas, las 84 mejores, las 32 útiles); II.8 (Padmāsana); II.36 (Vkṣāsana).
  • Haha-yoga-pradīpikā I.44–49 (Padmāsana).
  • Patañjali, Yoga-sūtra II.46 (sthira-sukham āsanam) y II.47 (prayatna-śaithilya-ananta-samāpattibhyām).
  • Bhagavad-gītā V.10 (padma-patram ivāmbhasā, la hoja de loto que no se moja).

Historia de las asanas

  • Sjoman, Norman E. The Yoga Tradition of the Mysore Palace. Abhinav Publications, 1996. (Estudio del Śrītattvanidhi*, s. XIX, donde el nombre* Ardha Candrāsana designa la postura que hoy llamamos Vṛkṣāsana*.)*
  • Iyengar, B.K.S. Light on Yoga. George Allen & Unwin, 1966. (Primera descripción moderna de Ardha Candrāsana en su forma actual; sistematización de Tāḍāsana como postura fundacional.)
  • Krishnamacharya, T. Yoga Makaranda, 1934. (Contexto de la codificación de las posturas de pie en el yoga moderno.)
  • Yogeśvarānanda Sarasvatī, Swami. First Steps to Higher Yoga, 1970.

Referencias científicas

  • Araújo, C.G.S., de Souza e Silva, C.G., Laukkanen, J.A., Fiatarone Singh, M., Kunutsor, S.K., Myers, J., Franca, J.F. y Castro, C.L. (2022). «Successful 10-second one-legged stance performance predicts survival in middle-aged and older individuals». British Journal of Sports Medicine, 56(17), 975–980.
  • Kaminoff, Leslie y Matthews, Amy. Yoga Anatomy. Human Kinetics, 2007. (Sobre la postura de pie neutra como base de la percepción estructural.)
  • Lasater, Judith Hanson. Yoga Body: Anatomy, Kinesiology, and Asana. Rodmell Press, 2009.

Referencias en español

  • Herrero, Naren. Blog Hijo de Vecino — hijodevecino.net
  • Dasa, Hari. Los dioses hindúes. Iconografía, historias y símbolos. Satsanga Ediciones, 2024. Edición e introducción de Naren Herrero. (Para el simbolismo del loto en la iconografía.)
  • Calle, Ramiro. Obra general sobre filosofía y práctica del yoga.

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