Explorando el poder de aceptar desde el yoga.
Muchas veces cuando las cosas no resultan como nos gustaría o simplemente nos sucede algo desagradable, dependiendo de la gravedad, nuestra reacción inmediata puede ser la de rechazar, bien sea la negación de un diagnóstico o algo más pequeño como la luz del semáforo en rojo cuando tenemos prisa. Ese rechazo, por supuesto, puede ser en mayor o menor grado, dependiendo de la importancia que le damos a la situación.
A veces simplemente, la situación la esquivamos, intentamos ignorarla pretendiendo de que no existe y sabemos que en el fondo no es más que rechazo, o una falta de aceptación.
Con mucha frecuencia al inicio de mis clases, invito a mis alumnos a que hagan respiraciones profundas y conscientes mientras les invito a aceptar lo que el cuerpo y la mente les presenta, porque por experiencia he aprendido, a que la amabilidad, la compasión hacia nosotros mismos, son primordiales para la práctica de yoga.
Podría decir que aceptar es, quizá, uno de los mayores retos y enseñanzas que las personas podemos experimentar a lo largo de nuestras vidas, porque nos cuesta mucho tener una mirada amable con nosotros mismos viéndonos tal cual estamos o somos.
Desde el punto de vista del yoga, la aceptación no es resignación ni pasividad, sino un estado de conciencia y apertura ante la realidad, tal como es, sin juicios ni luchas innecesarias que nos desgastan, incluso nos pueden agotar. Esta práctica es un pilar para un desarrollo espiritual honesto y más completo.
La aceptación desde el yoga.
En los Yoga Sūtras de Patañjali, textos de referencia imprescindible para todo practicante de yoga, se encuentra el concepto de «Santoṣa» (contentamiento), uno de los niyamas (observancias personales), que sugiere cultivar la satisfacción interior como manifestación de la aceptación. Como dice el Sutra II.42:
«Por la práctica de santoṣa, surge la felicidad suprema»
Santoṣa no significa conformismo, sino la habilidad de encontrar serenidad en cada experiencia, incluso ante la adversidad. El contentamiento al que se refiere en estos sutras como bien aclara el maestro Swami Satchidananda, es a estar simplemente contentos como estamos sin tener necesidad de ir por cosas externas para ser felices. Si algo viene, lo dejamos venir. Si no, no tiene importancia.
B.K.S. Iyengar, uno de los maestros más influyentes del yoga moderno, expresó:
«El yoga nos enseña a curar lo que no es necesario soportar y a soportar lo que no puede ser curado.»
Desde esta perspectiva, la aceptación se convierte en un acto de sabiduría y autocompasión, donde se reconoce la diferencia entre lo que se puede cambiar y lo que debe ser abrazado tal cual.
La aceptación en la práctica diaria de yoga
La esterilla es el laboratorio perfecto para observar la aceptación en acción. Cada respiración, cada postura y cada instante de quietud invitan a dejar de lado expectativas y juicios, hacer lo que se puede con lo que el cuerpo manifiesta hoy. Cuando un sadhaka o practicante de yoga acepta sus límites físicos, observando también su propio flujo de pensamientos sin identificarse con ellos o simplemente permanece presente ante las sensaciones, está practicando aceptación.
Es importante recordar, que como seres naturales que somos, nos afectan muchas cosas, desde la comida, el insomnio, incluso, fenómenos naturales como la luna llena, eclipses, el clima etc. Es necesario entonces, conectar con el cuerpo, observarlo, aceptarlo y desde allí trabajarlo sobre lo que se pueda, con cariño, con amabilidad y sin apegos.
Cuando tomamos esta actitud, pueden incluso ocurrir cambios inesperados, progreso en la práctica y descubrir nuevos aspectos de ella y siempre de todo, aprendemos.
Detrás de esa poca aceptación, suele estar el ego, ese que nos ha llevado a identificarnos con nuestros logros, una imagen determinada, una personalidad. Pero de esto comentaré más adelante en otro artículo sobre el ego.
Dentro del yoga, la práctica de relajación y meditación son herramientas maravillosas, que nos pueden enseñar a mirar nuestra experiencia presente con una mayor actitud de apertura y amabilidad, sin tratar de cambiar el momento, sino simplemente permitiéndolo.
Bien decía el gran Sidharta Gautama o El Buda en el Dhammapada: “Todos los estados encuentran su origen en la mente. La mente es su fundamento y son creaciones de la mente. Si uno habla o actúa con un pensamiento puro, entonces la felicidad le sigue como una sombra que jamás le abandona”
El Bhagavad Gita nos enseña también la aceptación a través de la ecuanimidad frente a las dualidad esa la que nos exponemos constantemente (como la alegría y el dolor), la tolerancia y el desapego de los resultados, y la aceptación de lo que nuestro propio dharma (deber). Krishna insta a vivir el presente con humildad, sin apegarse a las expectativas, aceptando los inevitables desafíos de la vida como parte del proceso de crecimiento espiritual y autorrealización.
Beneficios de la aceptación
Si logramos integrar la aceptación como parte de nuestra vida diaria, ayudaremos a reducir el sufrimiento y a desarrollar una actitud resiliente. Muchos estudios revelan que las personas que practican yoga con constancia y durante un largo período de tiempo, reportan mayor paz interior, menos estrés y una relación más sana consigo mismas y con el entorno. La aceptación abre el corazón a la compasión, la gratitud y la sabiduría.
Conclusión
Aceptar no significa rendirse, sino reconocer la realidad con conciencia, valentía y amor.
Como bien señala el Bhagavad Gītā y recuerdan los grandes maestros, la aceptación es la puerta hacia la verdadera libertad espiritual. En la práctica de yoga, cada respiración, cada asana o postura que hacemos, cada espacio de silencio, serán una invitación a la aceptación: a ser, aquí y ahora, tal como somos, la pregunta sería entonces: ¿Estamos dispuestos a practicarla? Me encantaría leer tus comentarios.
Namasté,
Gauri (Glaci).
Instructora de yoga,
Fundadora de Ananta espacio de yoga.


